viernes, 30 de mayo de 2014

Mi experiencia

(“conoceréis la verdad y la verdad os hará libres”, San Juan 8:32)

Llevo un tiempo pensando en cómo plasmar una experiencia personal que hace unos meses atrás me aconteció. Trataré de ser lo más objetiva posible y a la par dejar zanjadas las interrogantes, en la medida que mis conocimientos me lo permitan:

 Antes que todo, me gustaría que tuvieran presente algo que a mí personalmente aún me toma trabajo comprender, pero es lo más fiel en cómo debe interpretarse el mundo: todo aquello que a Uds. les pasa externamente es un reflejo de Uds. mismos, aquel proceso también es interno, no hay absolutamente nada ajeno, todo es un espejo, todo el cosmos está dentro de Uds. mismos, una especie de uróboros.

 













De esta forma, las analogías son nuestro mejor aliado a la hora de comprendernos, los procesos del macrocosmos son equivalentes a nuestros procesos internos, en nuestro microcosmos. Sin  embargo, hay que ser en extremo cuidadoso, saber separar el trigo de la paja, lo verdadero de lo fantasioso.

También, antes de dar paso al relato en cuestión, quisiera mencionar que así como existen sensaciones con las que uno se conecta con el mundo externo, las sensaciones que reportan nuestros sentidos, también hay sensaciones internas alejadas de todo tipo de vínculo con la materia, son sensaciones complejas, elevadas, difíciles de transmitir en palabras, pues al utilizarlas debemos mediar con algo tangible para hacerlas comprensibles, lamentablemente esa traducción hace perder una parte importante del concepto en sí. Existe un mundo interno tan rico como el externo, existe un sentido para descubrirlo, sin embargo la sociedad occidental no nos da las herramientas para despertarlo.
 
Estaba un día tratando de saber exactamente quién era yo y empecé a quítarme las capas: sé que no soy mi cuerpo, es algo como pegado a mí, funciona solo, la respiración, su alimentación, entra y sale la materia según “él” lo requiera. Sé que no soy mi pensamiento, pues comprendí la marcada influencia que me dejaron los largos años de educación estatal, dudo incluso de algún pensamiento propio, siento que alguien más ya lo pensó, alguien en alguna parte del planeta “lo bajó del cielo” antes que yo. Sé que no soy mis emociones, ni mis deseos, ellos parecieran dominarme, lloro o río según la ocasión, es una especie de ente que se posesiona de mi cuerpo por aquel instante en una especie de catarsis. 
 
De pronto me vi sin forma, como un espíritu que vivifica, tanto lo material como lo inmaterial de mi “personalidad”, aun así sabía que tampoco aquello me representaba. Y así me la pasé todo el día y me fui con aquella duda a la cama, a dormir.
 
En algún momento de esa noche, sin que mediara ningún sueño, abrí repentinamente los ojos con el siguiente pensamiento en mi mente: “¡soy mi alma!”, inmediatamente cierro los ojos, como quien siente alivio al encontrar la respuesta a un intrincado problema existencial, y simultáneamente ocurren dos complejas sensaciones internas: primero, siento en mi pecho una especie de fusión, la sensación que experimentaría un trozo de mantequilla derritiéndose en una sartén y segundo: el sonido de un trueno, agudo, cortante como el mismo relámpago, el sonido me arrebata, me lleva de viaje, siento la vibración del viaje en todo mi cuerpo.

Aún permanezco con los ojos cerrados, la sensación de viaje es tan poderosa que se vuelve en extremo compleja, pues a la par que siento que viajo a los confines más recónditos del Universo, al centro mismo del Cosmos, también siento que el lugar es en extremo cercano, muy muy cerca. De pronto el trueno cesa y siento que estoy dentro de una cámara, la oscuridad misma y el silencio absoluto se funden en una sola sensación, no se escucha nada, ni respiración ni latir de corazón, nada, la cámara es hermética, sin embargo en aquella habitación me sé que sólo estoy yo. Es tan inesperado todo, tan rápido, que no atino a cómo reaccionar, así que sólo estoy atenta, a la espera que alguien entre. 
 
No puedo decirles cuánto tiempo transcurrió, nada había de referencia para tener una idea del tiempo. En eso estaba, expectante, a la espera, cuando nuevamente aquel trueno me arrebata de aquella cámara, otra vez de viaje, la misma sensación. Cuando cesa el sonido, escucho mi respiración, me sé de nuevo acostada en mi cama, abro los ojos y reconozco mi habitación, afuera aun es de noche y silencioso.
 
Ahora recapacitando, comprendo mi error, mi error fue esperar. Todo aquel día Minerva estuvo guiando mis pasos con los cuestionamientos, de pronto me sentía fuerte como Hércules a paso seguro de quien se sabe que hace lo correcto, con determinación, sólo era necesario ese último paso y en eso hace su aparición Mercurio, con aquel sonido de viaje cósmico, quien me arrebata hasta guiarme a esa cámara. Sí, el error fue esperar y adoptar la forma cúbica de aquella cámara, cuando en realidad debí yo forzarla a adoptar mi forma, mi forma de pureza incorruptible, la que contiene a todas las demás formas, la de una esfera.


lunes, 26 de mayo de 2014

El ánima de grandes ojos verdes


Sigiloso, impregnado de humo,
ronroneos dibujan un lirio etéreo,
se inmiscuye el calor a mi lecho,
el perfume anuncia al sueño.

Las formas poco me importan
en esta noche de luna ausente,
la infinitud del abismo nocturno
siempre a los párpados  vence.

Sensación que deshace las formas,
duerme, duerme, pequeña fiera,
¿infante humano  o quimera?.

Reposa tu corazoncito en mi pecho
aterciopelado manto de oro me liberas
de esta terca e ilusoria frontera.

viernes, 23 de mayo de 2014

Remember me

Con dolor aún en el corazón, una semana ya de la partida de mi abuela, mujer silenciosa, desconfiada, enigmática, ermitaña, mas siempre con su dibujada sonrisa. Recordando aquellos días más felices de mi infancia (y de mi vida quizás), donde todo queda tan hermosamente grabado por la dulce inocencia, sensaciones irrepetibles e imborrables, sólo mías, la libertad del campo y el contacto con la naturaleza, la simplicidad de un fogón y aquellas manos…ay, esas esculpidas manos! que se movían a cámara lenta frente a mis curiosos ojos, todo lo que ella tocaba me parecía mágico…cómo duele recordar tanta felicidad vivida, recordar esos días que no volverán…


 "Cuando yazga, yazga en la tierra, que mis errores
no causen molestia a tu pecho;
Recuérdame, pero ¡ah! olvida mi destino;
Recuérdame, recuérdame, pero ¡ah! olvida mi destino."

domingo, 11 de mayo de 2014

Día de la Madre

Los vedas (coloquialmente conocidos como los “harekrishnas”) llaman “madres” a todas las mujeres: casadas, solteras, jóvenes o niñas.

Curioso es que el “día de la madre” en Occidente, coincida con la celebración en los países orientales del nacimiento de Buda: la luna llena de Mayo. He aquí que el acto de “dar a luz” coincida con el de “iluminación”, nuestro vocabulario en lo físico y lo metafísico se entrecruza (conocimiento sabido desde la creación misma de las palabras que nos han sido legadas, para que cada uno según su capacidad de entendimiento, logre interpretar y llegar a lo más profundo).

Aquí la escultura al interior de una Iglesia en Zaragoza, representando la Asunción de la Virgen, en la vista lateral se aprecia mejor la forma de “cerebro” en la que se apoya la virgen. Nos da a entender aquello de la “concepción virginal”, como lo es el pensamiento (un pensamiento no se puede tocar): “He aquí que la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa Dios con nosotros”, (Mateo 1:23).

El conocimiento siempre estará velado (así como lo está el rostro de la novia cubierta con un velo), el trabajo de entendimiento debe ser personal, de otra forma se obtendrían personas rumiando una y otra vez palabras que no comprendería. La creación del concepto de divinidad debe ser un acto de transformación íntimo e individual, es lento, pero se va perfeccionando hasta el último día de nuestras vidas y tomando forma como la greda en las manos del alfarero.


sábado, 10 de mayo de 2014

Misticismo

“Misticismo: estado alterado de consciencia, el místico vive la unión con el todo, es una experiencia que ocurre más allá de las coordenadas del tiempo, del espacio, de la razón, del lenguaje, de los sentidos...está en todas las religiones, inclusive se da en personas agnósticas...es una experiencia gratuita, cualquier persona la puede obtener, no es necesario ser santo…”






“…el problema comunicativo de la experiencia mística, la soledad fundamental del místico que no puede comunicar lo que le aconteció, en palabras de María Zambrano: una soledad sin compañía posible, una soledad sin poros, una soledad incomunicable, que hace que la vida sepa a ceniza..."

“…La ciencia de hoy, la cuántica, la astrofísica, curiosamente tiene un lenguaje paralelo a la mística, sobre esto se está reflexionando mucho…”


https://www.youtube.com/watch?v=ugVq8k5JaPA


Es natural que Borges se sintiera atraído por los sufíes, ya que el sufismo produjo hombres que fueron no sólo grandes místicos sino también poetas. Persia es, quizá, el país que contó con más poetas místicos, inspirados por una profunda experiencia espiritual. - See more at: http://www.redislam.net/2012/11/la-mistica-sufi-en-las-obras-de-jorge.html#sthash.QDe5vEaE.dpuf
Es natural que Borges se sintiera atraído por los sufíes, ya que el sufismo produjo hombres que fueron no sólo grandes místicos sino también poetas. Persia es, quizá, el país que contó con más poetas místicos, inspirados por una profunda experiencia espiritual. - See more at: http://www.redislam.net/2012/11/la-mistica-sufi-en-las-obras-de-jorge.html#sthash.QDe5vEaE.dpuf“Misticismo: estado alterado de consciencia, el místico vive la unión con el todo, es una experiencia que ocurre más allá de las coordenadas del tiempo, del espacio, de la razón, del lenguaje, de los sentidos…está en todas las religiones, inclusive se da en personas agnósticas...es una experiencia gratuita, cualquier persona la puede obtener, no es necesario ser santo…”

martes, 6 de mayo de 2014

Luto forzado

Cerilla extinguida,
materia aglomerada en la oscuridad,
fue un secreto, ¡nadie supo!,
alguien esboza una mueca de alivio.

Fue la más bella de todas,
jamás notaron su existencia,
aquí las ventanas tienen rejas
y hermosas vistas hacia un muro.

La flor que abre en silencio,
cruza el umbral a la eternidad,
en este lado sólo la apaga la mirada
que exuda hiel de indiferencia.

La muerte y la vida usan la misma puerta,
el mismo perfume hace dormir y despertar,
ese es el encanto del mármol negro,
su reflejo, su reflejo, su reflejo…


domingo, 27 de abril de 2014

2001: Odisea en el espacio



La película es una invitación a navegar en el subconsciente del espectador. Cual sesión de psicoanálisis se comienza cerrando  su contacto con el exterior para observar su mente, pero como siempre, aquí adentro está oscuro. Sin embargo, es posible crear sus propias imágenes por medio de conceptos, los cuales crearán escenarios según ascienda (o profundice) en su nivel de consciencia.


Como en una obra de teatro, se divide en cuatro actos o niveles:


ACTO 1: Lo básico, aquello que conoce, que sabe de su propia naturaleza, su parte animal. La lucha de las fieras peleando unas con otras, sin saber el por qué. Las más feroces terminarán por devorar a las más ingenuas y cándidas. Dos bandos, de la misma especie, luchando por territorio, por quien debe gobernar. De pronto aparece un objeto fuera de contexto, extraño, una piedra negra, poliédrica, perfectamente pulida, es grande y no pasa desapercibida, sin embargo es un elemento al que no sabe cómo reaccionar. De pronto todo cambia, pero Ud. sabe, que en el fondo, es lo mismo.



ACTO 2: Su pensamiento asciende a su nivel racional, Ud. aquí se sabe que tiene control, conoce la capacidad de su inteligencia, que puede construir máquinas. En este nivel se siente seguro, pero a la vez percibe algo raro, la música otorga una sensación de letargo, un vals con perfume a barbitúrico. Nuevamente la aparición del objeto extraño, en este nivel, tampoco le es posible comprenderlo, simplemente aquí no encaja. Un zumbido, que no se oye afuera sino adentro, da pie a que el director genere un intermedio, nuevamente una pantalla negra que nos comanda a profundizar más en nuestra mente.



ACTO3: Hemos llegado a un punto en que la máquina que dirigimos es nuestro mejor aliado, podemos confiar en ella, inmersos en la misma nave, inseparables, todo es armonía. Una máquina que tiene nombre propio y se comporta correctamente en sociedad. Sin embargo, llega un punto en que la máquina se cree perfecta a todo, quiere ser el único que debe tener el control y le impera deshacerse del piloto. Aquí la máquina se muestra como nuestro yo falso, el EGO, de pronto Ud. se da cuenta que aquella máquina es tan parecida a Ud., está tan bien construida, que se sorprende (esto me recuerda al mito de Pigmalión, que anhela casarse con una mujer perfecta, no la encuentra y la esculpe, es imposible que se desprenda de ella y ésta toma vida). Lentamente, la comienza a desactivar por partes, lo acongoja todo ese proceso, sin embargo se ha dado cuenta que lo único que lo puede salvar es matar a la máquina. Esta decisión lo descoloca se siente en el aire, se ha separado de su confortable realidad y comienza un viaje de autoobservación en primera persona, ha descendido a lo más profundo de su subconsciente. Con esta escena Kubrick ganó su único Oscar:




ACTO 4: Ud. ahora está sólo en un cuarto, al mismo tiempo es observador y observado, le es difícil hacer la distinción. De pronto siente que le queda poco tiempo y aparece ese objeto extraño, que no había podido comprender en sus niveles superficiales de consciencia. En este punto no le queda otra alternativa que realizar la última decisión, aquella que tanto ha esquivado: la aceptación, un toque a ese espejo oscuro, empañado con el hollín que Ud. mismo ha colocado, que le dará la liberación, que no es otra cosa que su propio nacimiento: un nacimiento divino.





Kubrick con toques futuristas (lo que hoy en día realmente está ocurriendo: ¿está Ud. todo el día tocando una pantalla negra y no ve nada?), ha realizado una película minimalista, íntima, simple y simbólica, cuidando los espacios y colores, cosas relativamente fáciles de analizar si los pone por un momento bajo la lupa.


¿Acaso Ud. no se ha sentido así cuando trata de comprenderse, realizando un viaje sin sentido, perdido en el espacio?.


Sí, realizar un viaje para conocerse así mismo, es el único viaje que merece la pena realizar y el único espacio que debe conquistar.

viernes, 25 de abril de 2014

“La Escuela de Atenas” de Rafael Sanzio

El protagonista es Platón, personificado en Leonardo Da Vinci, con vestimenta púrpura y un manto rojo, con rasgo severo, apunta hacia arriba y en su otra mano sostiene el “Timeo”. Sin duda hay un diálogo, donde cada uno de los representados en el cuadro nos cuenta algo, (por ejemplo, al lado de Da Vinci, alguien le dice a otro: "mira tiene algo bajo la manga", otro personaje, ajeno a la conversación, escucha aquello, lo toma en forma literal y quiere hurtárselo...), inclusive hay una estatua (el silencio mismo) apuntando misteriosamente, algo está aconteciendo frente a nuestros ojos, (es posible reconocer a Minerva (diosa de la sabiduría, las artes y la guerra), oculta entre los matemáticos, casi olvidada, ajena a todo, apuntando en una dirección que nadie más ve...). El buen observador encontrará un paralelo impresionante con la obra de “La Última Cena”, y caemos en que el mismo acontecimiento o acto de magia ocurre ( ver descripción ). Sólo le queda observar y buscar, mientras Da Vinci nos diría al oído: “especule, especule”…(reflexione, reflexione...speculum, speculari...)



miércoles, 23 de abril de 2014

Caminando con Da Vinci

Luego de mi reflexión sobre la mesa en los cuadros de Da Vinci, me disponía a observar el cuadro de “La Última Cena” y quedé con expresión de sorpresa al sentir que todo aquel desplante de personajes, sólo trata de mostrar algo, un misterio.

Siempre se ha hecho mención a que el cáliz, un símbolo tan importante, no aparece en el cuadro y bueno, para aquellos que hemos avanzado más allá de lo físico, sabemos que el cáliz es un concepto. Magistralmente, Da Vinci hace uso de aquella falta y nos guía a aquel “mundo invisible” que ha representado en su famoso cuadro.

Nos lleva de la mano, como si fuéramos niños, y nos pregunta: “¿qué ves?”. El niño en nosotros dirá: veo a gente con sus expresiones y sus manos gesticulando.  Y luego nos pregunta: ¿dónde “centras” tu atención?, he inmediatamente respondemos en “Jesucristo”.















Da Vinci nos pregunta: ¿qué hace Jesús?, respondemos que  está hablando como tratando de explicar algo, a la vez que mira su mano vacía, con la palma hacia arriba. Nuevamente nos cuestiona: ¿y en esa dirección qué hay?, decimos que alguien apunta con seguridad hacia arriba, pero arriba no hay nada, está oscuro, pienso que nadie le cree lo que está diciendo. Da Vinci cuestiona: ¿estás segura?, respondemos: bueno hay una persona muy sorprendida al lado de él, muy asombrada, pero no está mirando la misma mano que Jesús, está mirando hacia su otra mano, que tiene un gesto enérgico, que no se relaciona con la expresión de tranquilidad de su rostro.  Nuevamente nos interroga: ¿qué hay “sobre” esa mano?, buscamos y nada…

Sin embargo, ante nosotros aparece un espacio sospechoso, una claridad que se contrapone con el tumulto de gente, la forma que se nos presenta es triangular invertida, abierta en su lado superior, flanqueado en sus costados por sendos mantos color rojos. Sorprendidos decimos que ¡hemos encontrado el cáliz de vino!.

En este momento, alzamos nuestra mirada y miramos a Da Vinci, él apenas sonríe, se ha quedado con aquella expresión de infinito misterio, como en su cuadro de la Monalisa, nos mira y se va así como llegó, con la técnica que domina del sfumato…

Hemos quedado solos frente al cuadro, con una sensación de regocijo y a la vez de pregunta “¿eso es todo?”…

En este momento, recordamos la inusual forma de escribir de Da Vinci: él escribía al revés, de tal forma que con sólo un espejo se podía descifrar lo escrito. Es ahí donde, lo visible es aparente y lo oculto adquiere significado al mirar por el espejo. Aquel dedo que apunta para arriba en realidad está señalando su opuesto. Nos sorprende enormemente mirar hacia arriba y en aquella oscuridad encontrar un cubo negro. Más aún nos turba el hecho que este cubo debe ser nuevamente mirado de forma especular para poder centrarlo al vértice del triángulo.


















Sin embargo, miramos la expresión de tranquilidad de Juan Bautista, reforzada en las únicas manos entrelazadas, serenas como las aguas, mientras alguien pone su mano sobre su garganta como pidiéndole que guarde el secreto. Hemos llegado a un punto donde al mirar aquel cubo, sabemos que su único destino es “caer”. Y cuando caiga, lo recibirá un triángulo inundado de fervor que será capaz de reducirlo a una esfera poderosa que sólo Jesús es capaz de sostener en su mano, nadie más podrá hurtárselo.

Así como los círculos caen triangulados en cuadrados a la tierra, Da Vinci en su obra nos da una esperanza de que aquel proceso inverso es posible realizarlo. Da Vinci incomprendido, al igual que Jesús, fue un niño eterno, al igual que nosotros.

Aquello de la creación, resurreción y apocalipsis siempre han ocurrido al mismo tiempo, siempre es presente, somos nosotros los que no sabemos entender aquello de la Unidad. (un 2 que en realidad es un 1, reafirma la inscripción que ha colocado Da Vinci sobre el cubo).














Después de mi encuentro con Da Vinci, puedo decir que: “he ido por agua y regresé con vino”.





















(La línea de posición del espejo arriba, coincide con la de abajo).

martes, 22 de abril de 2014

Santo y seña

He estado hojeando un libro sobre “Los cuadernos de Leonardo Da Vinci”, aún me queda mucho por leer. Sin embargo, hasta ahora he quedado impresionada con su nivel de conocimiento de anatomía (considerando que en un momento, la práctica de disecciones humanas fue prohibida por la Iglesia). Leonardo decía que todo artista debía conocer a la perfección el cuerpo humano, su funcionamiento, nervios, músculos, todo lo interior, para finalmente representar lo visible: el cuerpo en movimiento (obviamente incluía un riguroso estudio de luz y sombra). Además, tenía un muy elevado conocimiento del comportamiento humano, no me cabe duda que filosofaba mucho al respecto.  No se quedaba atrás en el peso que representaba el paisaje, lo estudió a nivel científico (botánica y ciencias afines), pero siempre con una visión artística elevada, pensando en las emociones que reflejaba y el concepto que quería transmitir; sin duda toda su obra se entrecruzaba con la poesía.

Mucho se ha especulado sobre el significado oculto de sus cuadros, yo por el momento reflexiono sobre un elemento común en dos de sus cuadros emblemáticos: “La Anunciación” y “La Última Cena”, que es: la mesa.











 






No me cabe duda que los gestos y movimientos de los personajes quieren comunicar algo (cosa que no me he detenido a analizar por el momento). Sin embargo, (y sin polemizar), desde el punto de vista conceptual: “los personajes son simbólicos”, así que por un momento imaginemos que todos son invisibles; así que nos queda la mesa como protagonista. Una mesa blanca a la que le ha dado un esmerado trabajo de detalles en “La Anunciación” y una extensa mesa con patas de madera a la que ha puesto un mantel blanco con un intrigante nudo en “La Última Cena”.  

El blanco es pureza, esto se ve reforzado con la seña de "una concha de ostión salvaguardada por un abultado colgante" y "el nudo en el mantel".  Ambos símbolos son un concepto de virginidad femenina, así que "la mesa es el cuerpo de una mujer”: la concha de ostión, se vincula a los órganos exteriores femeninos y el nudo en el mantel, apela al concepto de cerrado (recordemos que antiguamente, en la noche de bodas, el esposo cubría con una sábana blanca a su mujer).

En la Eucaristía también aparece la mesa con un mantel blanco y el cáliz. El cáliz refuerza el concepto de cuerpo femenino, pues sin duda los órganos femeninos internos nos recuerdan a una copa llena con vino: el útero es un receptáculo con forma de copa y en lo ovarios se aglomeran los óvulos tal como racimos de uvas. Esta información era imposible de saber en la antigüedad, dada su condición oculta anatómica, a menos que se tuviera acceso a la disección humana o libros con tal información. Así, cada mes del año ocurre la menstruación y esta copa se llena de “color vino”. Sin duda un concepto poético. (Recordemos, que el culto de Isis tuvo una influencia considerable sobre el de la Virgen María).

Para concluir, la idea de virginidad no debe encasillarse sólo al cuerpo físico, sino que también a un estado mental tal que, libre de impurezas, sea capaz de “concebir” un concepto tan elevado como “Dios”, idea no asequible a los “animales”. Así, siguiendo aquel trabajo de pureza, es posible la resurrección o liberación (…un bivalvo como el ostión, que está en las profundidades del mar, al hervirse se abre y libera una perla…).

lunes, 21 de abril de 2014

El acto de la palabra



(NOTA IMPORTANTE: Este relato necesita ser leído en silencio, las letras que ve Ud. aquí son su pensamiento,  él es un personaje invisible y él es el protagonista que realiza este viaje. El relato es verídico. Lo externo es igual a lo interno, frente a Ud. en este instante, así como en cada momento, hay un espejo, deténgase y obsérvelo, sólo hay que saber leer).


Recuerdo que mis viajes al campo junto a mi madre, para visitar a mi abuela, eran una verdadera hazaña. Yo era pequeña y mis pasos cortos, así que el trayecto duraba el doble de tiempo para mi madre, nos demorábamos más de dos horas en llegar. El camino era arcilloso lo que le daba el color rojizo característico y en invierno las botas eran nuestra mejor compañía protegiéndonos del barro. El camino era literalmente el lomo de un dragón con sus serpenteantes subidas y bajadas. Había momentos que no daba más por lo empinado de la pendiente y mi madre me decía que no me detuviera hasta que llegáramos a la cima de aquel tramo, hasta ese entonces descansábamos y al mismo tiempo observábamos el paisaje.  Una vez repuestas las energías continuábamos como si nada, bajando para luego otra vez subir. El camino tenía muchas bifurcaciones y yo no sabía cuál tomar, pero mi madre sí lo conocía, así que yo la seguía. A ambos lados del camino había densos bosques y con sólo mirar a mí me asustaba su oscuridad, me sentía segura estando en el camino. Ya casi al llegar, nos quedaba el último cerro y aquí, para acceder a la casa de mi abuela en la cima, sobre todo en invierno, no podíamos ir por el camino pues lo cruzaba un riachuelo que llevaba más caudal de costumbre y hacía de la planicie un cenagal inaccesible, así que debíamos rodearlo por detrás y meternos al bosque. Yo sólo daba gracias porque mi madre me guiaba o sino me hubiese sentido perdida. Recuerdo que las sensaciones en el bosque eran más intensas comparadas con las del camino, el viento hacía murmurar las hojas y crujir las ramas, a la par que la fragancia de las hojas resinosas nos envolvía, por momentos me sentía un árbol más. Al final el bosque terminaba abruptamente y la claridad se hacía presente iluminando la casa de adobe de mi abuela.


Mi abuela nunca sabía cuándo le llegarían las visitas, ella vivía sola, aislada del mundo y eso hacía que sus sentidos estuvieran alertas a cualquier cambio de lo habitual. Sin embargo, a pesar de que nos escuchaba que estábamos afuera, ella no habría la puerta a menos que golpeáramos. Una vez adentro, recuerdo que las paredes interiores estaban ennegrecidas por el hollín del fogón, un fogón que estaba desde temprano hasta altas horas de la noche encendido. Mi abuela no tenía mucho tema de conversación, muy apenas sabía leer y casi no sabía escribir, sin embargo yo era inmensamente feliz observándola en sus quehaceres, simplemente me sentaba a mirar, mientras mis pies colgaban sin alcanzar el suelo.


Ella, sobre una bandeja, extendía un mantel de impoluto blanco y luego le vaciaba, en un costado, unos puñados de trigo. Uno a uno separaba el trigo de las impurezas hasta que el trigo pasaba limpio al otro costado.  Después el trigo limpio era molido hasta hacerlo un fino polvo. Tomaba una cantidad suficiente de aquello y formaba una montaña blanca perfecta sobre una superficie lisa. Luego le agregaba agua tibia y con la seguridad de aquellas manos que saben lo que hacen, lentamente, le daba consistencia creando una masa que tomaba la forma que ella quisiera. Sin embargo, a pesar de aquella libertad siempre la forma final era circular. Dejaba aquella masa reposando abrigada en un mantel por un buen rato. Luego, desarropaba aquello y lo dejaba bajo la ceniza que estaba a un costado del fogón. A veces dejaba caer pequeños trozos de carbón encendido de rojo vívido, que de apoco se iban consumiendo sobre la superficie de aquello oculto. Luego, despejaba con un palo la ceniza y con su propias manos (jamás se quemaba) lo daba vuelta.  Cuando ella estimaba que había pasado tiempo suficiente lo sacaba, con un cuchillo quitaba las superficies negras, soplaba sobre él y me lo entregaba para finalmente masticarlo.