Sí, le he dado la vuelta, subido, caído, medio
ahogada, medio envenenada, medio encadenada, medio dormida. En aquella
inconsciencia lancé palabras, dieron vuelta a la Tierra y regresáronme piedras, latigazos y
puñaladas por la espalda.
Es el brillo del diamante que encandila, no es la piedra, es la belleza
que percibe la mente del observador, ese es el tesoro, intangible,
intocable, fuera de éste plano, como toda nuestra esencia. Y aquí todos
tontos, dándole la vuelta al mundo buscando riquezas.
Sí, la Tierra es plana, es un lienzo que nadie se atreve a perforar.
martes, 8 de julio de 2014
miércoles, 2 de julio de 2014
Encierro
Qué son cien palabras, sino cien pasos adentrándose en el
pantanoso mar de la incertidumbre, un caminar a ninguna parte dando tumbos durante
la noche. Tercas mis palabras,
chapoteando por encontrar una respuesta. Mientras avanzan, la densidad aumenta,
se vuelve siniestra, el aire se ha tornado rígido, ellas ya no culebrean, cincelan.
Hacen lo posible por romper las piedras, se han perfeccionado para excavar adentro
de la caverna. Parecieran buscar oro, joyas y perlas. Y de qué me sirven los
tesoros, las brillantes respuestas, si al fulgor del rubí incrustado en mi
pecho le han cortado sus alas para volar.
viernes, 27 de junio de 2014
Gato cósmico
Dormitaba la criatura en mi regazo
mientras mi mano le acariciaba,
yo sólo seguía la espiral de la galaxia;
su cola, que en gratitud azotaba mi cuerpo,
no hacía más que dar nacimiento a las estrellas
y su respiración era el mismísimo espectro de colores
que pintarrajeaba aquel cosmos frente a mis ojos,
de pronto: eso era todo el Universo.
mientras mi mano le acariciaba,
yo sólo seguía la espiral de la galaxia;
su cola, que en gratitud azotaba mi cuerpo,
no hacía más que dar nacimiento a las estrellas
y su respiración era el mismísimo espectro de colores
que pintarrajeaba aquel cosmos frente a mis ojos,
de pronto: eso era todo el Universo.
domingo, 22 de junio de 2014
Disolución
martes, 17 de junio de 2014
La salida
Rasgaré el mantel blanco de esta mesa
me lanzaré a la singularidad del abismo
no me alcanzará el eco
se quedará mi sombra delimitando
el borde del infinito.
Me llevaré los brillos diamantados
de regreso a casa
lejos de la neblina que empañó mi espejo,
la palabra dormida en mi alfombra
saldrá de su caverna
aleteando la insondable burbuja
de azul silencio.
me lanzaré a la singularidad del abismo
no me alcanzará el eco
se quedará mi sombra delimitando
el borde del infinito.
Me llevaré los brillos diamantados
de regreso a casa
lejos de la neblina que empañó mi espejo,
la palabra dormida en mi alfombra
saldrá de su caverna
aleteando la insondable burbuja
de azul silencio.
| (by JM) |
viernes, 13 de junio de 2014
Ecos en el espejo
Hoy es viernes 13 de luna llena y ha transcurrido una luna desde
que mi abuela partió; fui la primera nieta, de su primera hija.
Yo tenía una conexión con mi abuela que va más allá de lo
estrictamente genético, era más bien una especie de espejo en la que mutuamente
nos veíamos, yo me veía en ella y quizás ella se veía en mí. No se puede
explicar, porque si bien el concepto en sí al parecer ahí estaba, era, algo,
una forma imposible de encerrar en una palabra. Sin embargo, lo más cercano a
lo que quiero trasmitir es la “LUNA”,
silenciosa, irremplazable, vital, misteriosa, esa presencia de luminosidad
perfecta en el inconmensurable pozo de oscuridad que cubre nuestras cabezas.
Mi abuela era una mujer de pocas palabras, así que todo en ella era gestos y su último mensaje quedó escrito en su rostro, decía: “PAZ”. Aquello que en esos momentos yo tocaba, un cuerpo que aún conservaba su calidez, no era ella, eso era una crisálida, una envoltura, una tela tan oscura que tapaba la magnificencia de todos sus colores. Así, que me la imaginé saliendo por la ventana de aquella habitación como una mariposa, libre al fin de su condena; se fue más hermosa de cómo llegó a este mundo, pues a pesar de todos los inviernos, dolores y soledades que quedaron silenciados en su garganta, pudo resistir hasta el final, de pie, como lo hacen los capitanes de los barcos que sortean las tempestades, hasta que se hunden junto a su navío y aquel acto los glorifica.
En estos días he pensado en el peso de las palabras, tan insignificantes a nuestro entendimiento racional, pero en sí pareciera que ellas, en un plano que no comprendemos, al ser pronunciadas perforan una superficie que penetra nuestro inconsciente, inclusive más allá, como creando pequeñas estrellas en el cielo, destellos de luminosidad.
Todo cuanto les diga les parecerá cuento, pero los nombres
de los lugares y acontecimientos son verídicos, es sólo una parte de la
conexión invisible con mi abuela que se pude traducir en palabras:
Nací luego de una luna
llena de diciembre (después de una festividad: Navidad), el nombre de mi ciudad
natal significa “cielo tronador”, el hospital en el que nací se llamaba “Las Higueras”,
viví en una población llamada “Libertad”.
Mi abuela vivía en un
campo en absoluta libertad, en la ladera del cerro había una higuera en la que
me subía y desde ahí venía a mi abuela caminar cerro abajo y luego cerro arriba
cargando un balde con agua (como si fuera una nube), el nombre del campo de mi
abuela significa “aguas rojas”, mi abuela murió luego de una luna llena de mayo
(después de una festividad: Wesak).
Tuve que cruzar un río
y hoy vivo en un lugar que se llama “San Pedro de la Paz”.
Así que estimado lector, la próxima vez que sienta una
conexión con alguna persona reflexione en las palabras que le unen a ella. Las
palabras son una especie de velo, algo que Ud. externamente ve, pero a la vez ocultan algo; lo
oculto tiene una doble cara también, pero siga buscando. Todas las cosas
conocidas poseen un nombre y eso es un velo, una especie de burka, comprendida
por aquellos que conocen su correcto significado e incomprendida por los faltos
de entendimiento. Siga buscando, como si quisiera encontrar un tesoro en las
profundidades del mar, pues esas insignificantes
palabras que nos fueron legadas y hermosamente hiladas para su pronunciación, son
más luminosas de lo que Ud. se imagina.
miércoles, 11 de junio de 2014
Ave
Pegado al muro hay un aloe vera que ha dado su primera flor,
extendiéndola hasta la ventana. Ahí estaba yo, adentro de la casa, mirando
hacia el patio pero con mi atención puesta en el gato que dormía como un
angelito en ese día de sol. Y lo que sigue duró menos de medio segundo, por el
rabo del ojo vi esto:
Un color rojo fulgurante vibrando a la velocidad de los mensajes
celestiales, ¡un colibrí! a un palmo de mano de mi rostro, aquel rubí ardía placenteramente en el intrincado ángulo de mi pupila, pude percibir su compleja textura con detalle al instante. Fue todo tan rápido, que el sonido de su aleteo viajaba más lento y no alcanzó a hacerme cosquillas en el oído. Giré la cabeza y un pitido redoblado dibujó un punto en el
horizonte, se fue hecho flecha, típico acto de desaparición de las hadas.
sábado, 7 de junio de 2014
La cámara
Da Vinci y sus códigos: En su última pintura, la más íntima,
la más misteriosa, quizás la culminación de toda su obra, nos muestra a un Juan
Bautista mirándonos fijamente, tocándose el pecho y apuntando hacia arriba.
Usamos la imagen especular (que tanto practicaba) con pivote en la mitad del
cuadro, en su dedo en el pecho; al girar
la mano que apunta hacia arriba, encaja perfectamente en su rostro, Bautista aún
nos mira como diciéndonos “sí, estás en lo correcto, está todo bien”, entonces
seguimos aquella dirección y entre sus rizos tan marcados y bellos, un espacio
oscuro, cúbico, una cámara secreta… yo sólo me pregunto si Da Vinci fue capaz
de lograr salir de esa cámara…
viernes, 6 de junio de 2014
La mu_danza
Cuando me quite esta crisálida
cuando salga de este cuarto oscuro
cuando despierte del sueño impuesto
dejaré de escuchar la lluvia afuera
dejaré de sentir frío
dejaré de mirarme al espejo
seré la música en mi cabeza
seré la idea bailando sin forma
seré la música en mi cabeza
seré la idea bailando sin forma
¡seré el aire que respiro!
jueves, 5 de junio de 2014
miércoles, 4 de junio de 2014
Mensaje de siete pasos a mí misma
Hay una casa dentro de una choza
hay una mansión dentro de la casa
hay un palacio dentro de la mansión
hay un castillo dentro del palacio
hay una princesa durmiendo en un cuarto oscuro.
viernes, 30 de mayo de 2014
Mi experiencia
(“conoceréis la verdad y la verdad os hará libres”, San Juan 8:32)
Llevo un tiempo pensando en cómo plasmar una experiencia personal que hace unos meses atrás me aconteció. Trataré de ser lo más objetiva posible y a la par dejar zanjadas las interrogantes, en la medida que mis conocimientos me lo permitan:
Antes que todo, me gustaría que tuvieran presente algo que a mí
personalmente aún me toma trabajo comprender, pero es lo más fiel en cómo debe
interpretarse el mundo: todo aquello que a Uds. les pasa externamente es un
reflejo de Uds. mismos, aquel proceso también es interno, no hay absolutamente
nada ajeno, todo es un espejo, todo el cosmos está dentro de Uds. mismos, una
especie de uróboros.
De esta forma, las analogías son nuestro mejor aliado a la hora de comprendernos, los procesos del macrocosmos son equivalentes a nuestros procesos internos, en nuestro microcosmos. Sin embargo, hay que ser en extremo cuidadoso, saber separar el trigo de la paja, lo verdadero de lo fantasioso.
También, antes de dar paso al relato en cuestión, quisiera mencionar
que así como existen sensaciones con las que uno se conecta con el mundo
externo, las sensaciones que reportan nuestros sentidos, también hay sensaciones
internas alejadas de todo tipo de vínculo con la materia, son sensaciones
complejas, elevadas, difíciles de transmitir en palabras, pues al utilizarlas
debemos mediar con algo tangible para hacerlas comprensibles, lamentablemente
esa traducción hace perder una parte importante del concepto en sí. Existe un
mundo interno tan rico como el externo, existe un sentido para descubrirlo, sin
embargo la sociedad occidental no nos da las herramientas para despertarlo.
Estaba un día tratando de saber exactamente quién era yo y empecé a quítarme
las capas: sé que no soy mi cuerpo, es algo como pegado a mí, funciona solo, la
respiración, su alimentación, entra y sale la materia según “él” lo requiera.
Sé que no soy mi pensamiento, pues comprendí la marcada influencia que me
dejaron los largos años de educación estatal, dudo incluso de algún pensamiento
propio, siento que alguien más ya lo pensó, alguien en alguna parte del planeta
“lo bajó del cielo” antes que yo. Sé que no soy mis emociones, ni mis deseos,
ellos parecieran dominarme, lloro o río según la ocasión, es una especie de
ente que se posesiona de mi cuerpo por aquel instante en una especie de catarsis.
De pronto me vi sin forma, como un espíritu que vivifica, tanto lo
material como lo inmaterial de mi “personalidad”, aun así sabía que tampoco
aquello me representaba. Y así me la pasé todo el día y me fui con aquella duda
a la cama, a dormir.
En algún momento de esa noche, sin que mediara ningún sueño, abrí
repentinamente los ojos con el siguiente pensamiento en mi mente: “¡soy mi alma!”,
inmediatamente cierro los ojos, como quien siente alivio al encontrar la
respuesta a un intrincado problema existencial, y simultáneamente ocurren dos
complejas sensaciones internas: primero, siento en mi pecho una especie de
fusión, la sensación que experimentaría un trozo de mantequilla derritiéndose
en una sartén y segundo: el sonido de un trueno, agudo, cortante como el mismo relámpago,
el sonido me arrebata, me lleva de viaje, siento la vibración del viaje en todo
mi cuerpo.
Aún permanezco con los ojos cerrados, la sensación de viaje es tan
poderosa que se vuelve en extremo compleja, pues a la par que siento que viajo
a los confines más recónditos del Universo, al centro mismo del Cosmos, también
siento que el lugar es en extremo cercano, muy muy cerca. De pronto el trueno
cesa y siento que estoy dentro de una cámara, la oscuridad misma y el silencio
absoluto se funden en una sola sensación, no se escucha nada, ni respiración ni
latir de corazón, nada, la cámara es hermética, sin embargo en aquella
habitación me sé que sólo estoy yo. Es tan inesperado todo, tan rápido, que no
atino a cómo reaccionar, así que sólo estoy atenta, a la espera que alguien
entre.
No puedo decirles cuánto tiempo transcurrió, nada había de referencia
para tener una idea del tiempo. En eso estaba, expectante, a la espera, cuando
nuevamente aquel trueno me arrebata de aquella cámara, otra vez de viaje, la
misma sensación. Cuando cesa el sonido, escucho mi respiración, me sé de nuevo
acostada en mi cama, abro los ojos y reconozco mi habitación, afuera aun es de
noche y silencioso.
Ahora recapacitando, comprendo mi error, mi error fue esperar. Todo
aquel día Minerva estuvo guiando mis pasos con los cuestionamientos, de pronto me
sentía fuerte como Hércules a paso seguro de quien se sabe que hace lo
correcto, con determinación, sólo era necesario ese último paso y en eso hace
su aparición Mercurio, con aquel sonido de viaje cósmico, quien me arrebata
hasta guiarme a esa cámara. Sí, el error fue esperar y adoptar la forma cúbica
de aquella cámara, cuando en realidad debí yo forzarla a adoptar mi forma, mi
forma de pureza incorruptible, la que contiene a todas las demás formas, la de
una esfera.
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